martes, 7 de octubre de 2014

¿QUÉ ES LA LITERATURA JUVENIL? El aspecto del lector II

Foto de Nathalia Rivero, tomada de la página de Facebook de Riders

He de iniciar esta entrada con una generalización: hasta el lanzamiento de Harry Potter en 1997, no existía una literatura juvenil propiamente dicha. Existían libros para jóvenes, por supuesto, y libros que los jóvenes se habían apropiado. Pero no existía una literatura juvenil como tal.
Antes de continuar debo declarar que no me gusta Harry Potter, que me parece que el mundo que J. K. Rowling describe es demasiado deudor de Tolkien, y que de alguna manera toma sus mejores partes y las infantiliza sin pudor. Con todo esto, sin embargo, la serie de Harry Potter logró algo de lo que muy pocas obras pueden ufanarse, creció con sus lectores. Durante diez años Potter y sus amigos –quienes hacen todo por él- entretuvieron a los lectores, que enamorados de ese universo que se había expandido también con el trascurso de los años esperaron con paciencia a que fueran apareciendo los libros. Por supuesto podría alegarse que no es la única saga que ha hecho esperar a sus lectores. Se puede mencionar entonces la saga de la Fundación de Isaac Asimov, la infinita Dragonlance, la inacabable Dune e incluso a Sherlock Holmes. Sin embargo, gracias a la globalización y al mercadeo –no se puede omitir su participación en este fenómeno-, entre otras razones, ha sido unas de las pocas veces en la historia que un conjunto de lectores ha crecido a la par que su protagonista. Y no sólo crecieron de tamaño, sino que también lo hicieron como lectores. Eso implicó que debieron apoderarse de otras obras, de otros mercados, de otras sagas. Así, autores como Terry Gilliam y Neil Gaiman también vieron acrecentados el número de lectores, lectores que en muchos casos no habrían concebido al principio. Pero el fenómeno escapó del campo de la fantasía, porque no necesariamente (y esto lo olvidaron por mucho tiempo las editoriales) los jóvenes están necesitados de Fantasía. En Colombia, por ejemplo, estos lectores se apropiaron de la obra de Mario Mendoza, que escribe obras de carácter político y realista.
Es aquí donde debemos detenernos para recordar que el mercadeo ha creado un estereotipo de lo que debe leer un joven, pero el sujeto real escapa por mucho de esos débiles límites. Para ejemplificar este punto hablaré de un fenómeno que durante los dos últimos años, aproximadamente, se ha dado en Cali. Este fenómeno se llama Riders.
Riders nace, ya me corregirán ello, como una iniciativa de jóvenes y para jóvenes que un buen día deciden reunirse en un centro comercial para hablar de libros. No son fanáticos de una saga o de un autor en particular, sólo les gusta hablar de libros. Sin embargo ante la dispersión que ofrece un centro comercial deciden acercarse a la Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero –Sí, esa que estuvo a punto de cerrar hace algún tiempo por falta de presupuesto departamental, porque así hacemos las cosas en Colombia- y se encuentran con un promotor de lectura que se reinventa bajo el pseudónimo de Spaguetti Morela Alfin y que no sólo les escucha sino que se convierte en una piedra de toque, un dinamizador del proceso juvenil. Seamos claro, John Jairo Navia -Spaguetti- no inventa Riders, lo que hace es sencillo, los escucha y se compromete con ellos.
En su página de Facebook sus integrantes –que oscilan entre los trece y los veinte años de edad- dan cuenta de sus escritos, sus intereses y, sí, sus lecturas. Estas últimas abordan a autores como Rick Riordan, J.K Rowling –por supuesto-, John Green, Edgard Allan Poe, William Shakespeare, Piedad Bonnet, Suzanne Collins, Stephen King – si hacen un conversatorio o evento sobre King me apunto sin resquemor alguno- y F. Scott Fitzgerald, solo por nombrar algunos.    
Así, el lector juvenil no es sólo aquel que consume lo que las editoriales y librerías ubican bajo el rotulo de juvenil sino que sus lecturas van más allá, mucho más allá.
Más aún, hay que hacer un alto, uno nuevo, y aclarar que el lector joven actual, no solo consume libros impresos, sino que los devora –principalmente ante sus altos precios- en formatos electrónicos, ya sea a través de tabletas, celulares, kindles o computadores. Por eso, las viejas encuestas acerca de hábitos lectores y de consumo ya no pueden detenerse en el número de libros que son adquiridos en las librerías, porque estas no pueden reflejar la actualidad del consumo cultural.  

Queda entonces preguntarse: Si bajo la égida de la literatura juvenil el mundo del mercadeo y la publicidad lanzan uno tras otro productos premasticados –hay muchos títulos y autores que brillan por sí mismo a pesar del mercado- bajo el signo de lo que los jóvenes consumirán, ¿cuál será entonces en papel del promotor de lectura? 
Tomado de: lecturasparatodos.blogspot.com

¿QUÉ ES LA LITERATURA JUVENIL? El aspecto del lector I

Portada de Los tres mosqueteros, publicada por Oveja negra. Uno de mis libros más recordados. 

Si bien la literatura juvenil es un concepto relativamente nuevo, no lo es el de literatura ni mucho menos el de joven. Entonces, ¿cómo era la literatura juvenil antes de la existencia de la literatura juvenil? Revisar este concepto es importante para que entendamos algunos de los comportamientos que se están dando en la actualidad en los campos editorial y de promoción de lectura.
Para poder realizar esta exploración tendremos que retrotraernos muchos años, quizás hasta el surgimiento de los folletines. ¿Por qué nos adentramos en los folletines? Porque los señores Dickens y Dumas cultivaron este tipo de novela que consistía en realizar entregas periódicas de las obras y que supusieron la necesidad de terminar en punta cada uno de los capítulos, para que una semana después los lectores ansiosos por saber que sucedía con sus héroes compraran el siguiente y el siguiente ad absurdum (si lo consideran un género muerto bien se puede observar las técnicas narrativas de autores como Arturo Pérez Reverté o G.R.R. Martin). Más allá del arte, innegable de estos autores, tenemos en ellos a los padres de la literatura por entretenimiento. Muchos de los grandes autores que los lectores de mi generación cultivamos y muchos de los que se tienen por imprescindibles –como Balzac- publicaron folletines.
Es de señalar que en ningún momento estos autores escribieron para un público exclusivo –aunque bien que sí conocían a su público y lo que ellos querían- sino para una masa hambrienta que esperaba semanalmente su dosis de ficción. Así nacieron obras como Los tres mosqueteros, Los hermanos Karamazov, Sandokán y Las aventuras de Pinocho, por nombrar solo algunos títulos.
Si bien en su momento los editores hicieron su agosto, fueron los lectores quienes en últimas eligieron que autores eran sus preferidos, de qué personajes querían saber más y cuáles eran los villanos más detestados. Este género, denostado en su momento, fue, como ya vimos, el padre de una gran generación de autores.
Lo mismo sucedió con mi generación y algunas generaciones anteriores. Las primeras obras que cayeron en mis manos –y muchos de quienes leen estas líneas se sentirán identificados- fueron Los tres mosqueteros y Sherlock Holmes y Veinte mil leguas de viaje submarino, que, o bien aparecían por entregas en suplementos dominicales o en tomos ilustrados que “aparecían” por múltiples razones en las casas, heredados de padres, abuelos o tíos, que ofrecían algunas de sus lecturas favoritas a los más pequeños.

No fue una literatura pensada para jóvenes –a muchos de ellos el estilo de Dickens o Balzac les parecerá demasiado rimbombante y descriptivo- sino que fueron los jóvenes –que fuimos y/o somos- quienes los elegimos como nuestros. Para muchos de los lectores de hoy en día el procedimiento ha sido similar, pero ese es un aspecto que continuaremos revisando en la próxima entrada (espero que esta apropiación folletinesca sirva para mantenerte pendiente, Oh amable lector).    
Tomado de: lecturasparatodos.blogspot.com

jueves, 2 de octubre de 2014

¿QUÉ ES LA LITERATURA JUVENIL? : El aspecto editorial.


Tomado de lecturasparatodos.blogspot.com
Imagen tomada de: piezasdeaocho.blogspot.com




Al escribir un concepto podemos pensar que aquello que engloba se trata de una unidad. Si bien la lógica nos enseña que bajo el concepto esfera se agrupan todas las figuras que cumplen con la idea de esfericidad, en detrimento de sus características físicas como color o tamaño, aplicar esta idea al campo literario puede ser muy complicado. Así, al agrupar el concepto de literatura latinoamericana podemos encontrarnos en extremos tan diversos como Joao Guimaraes Rosa, William Ospina o Jorge Luis Borges, todos ellos con sus propias características, con sus propios mundos.
De la misma manera, al aplicar el epíteto de Literatura Juvenil, podemos encontrarnos con dos divisiones principales. A la primera de ella correspondería aquello que se considera se ha escrito para jóvenes; en tanto en la segunda se puede considerar todo aquello que los jóvenes se han apropiado como suyo.
En el primer caso encontraríamos un gran conjunto de obras que las editoriales han rubricado con el término juvenil, teniendo en cuenta, en apariencia, que se trata de obras de aventuras o romance o una mezcla extraña de ambas, escritas en estilo cinematográfico y cuyos protagonistas, de manera casi invariable, están entre los trece y los diecinueve años de edad.  Al menos, de manera general, podemos describir así lo que nos encontramos en el mercado en la actualidad. Así, libros tan disímiles como Harry Potter,Crepúsculo, las ventajas de ser invisible o Bajo la misma estrella, se pueden encontrar con el mismo rótulo. El signo del cine no es ajeno a ninguno de estos títulos.
En Colombia los éxitos cinematográficos han dejado su impronta en el mercado editorial. Un ejemplo de ello es que al poco tiempo del éxito de la adaptación de El señor de los anillos, en muchas librerías surgió una nueva sección: Ciencia ficción. Eso, sin importar qua la obra de Tolkien no tiene ningún elemento de extrapolación científica. De esta forma, las librerías amontonaron bajo ese mismo título las obras de Asimov, de H.P. Lovecraft, Ambrose Bierce, Robert E. Howard, Stephen King y J. K. Rowling, solo por citar algunos. Por supuesto, y lo podemos constatar con el simple hecho de que la sección todavía existe, se trató de un éxito en el mercado del libro.
Hace poco tiempo, en una de las sedes de nuestra “amada” Librería Nacional, buscando la sección de Ciencia Ficción – en dónde no están títulos como: Dr. Jekill y Mr. Hyde o 1984, pero sí Vampyr- me encontré con una nueva sección: Juvenil. Ahí se encontraban agrupados títulos como Ghost Girl,Bajo la misma estrella, El libro de los portales uOscuros. Dicho de otra forma, todo aquello que las editoriales han lanzado al apostrofado como Juvenil y que, a mi parecer, se encuentran más o menos cortadas bajo la misma tijera. Se trata de historias románticas que retratan amores- el amor debe aparecer aunque sea casi innecesario o complique de manera inútil la trama como en Memorias de Idhún- o situaciones imposibles que un joven –el sexo puede ser indistinto- a través de pocas reflexiones y una situación traumática supera siendo transformado en el proceso. El lenguaje, como fue mencionado con anterioridad, suele ser sencillo –no vaya a ser que el lector abandone si se utilizan descripciones largas o palabras muy complicadas-, los diálogos rápidos y efectistas y mucha acción. Todo esto configura un retrato robot que las editoriales han hecho de la juventud de hoy en día. Aclaro, no digo que los jóvenes sean así, digo que las editoriales han concebido así a los jóvenes.
Al mismo tiempo, y siguiendo las enseñanzas adquiridas con Harry Potter, si se trata de una saga, más o menos esquemática, mucho mejor. Por supuesto, y mencionarlo es casi gratuito, son obras de fácil adaptación al medio audiovisual, no tardando así en salir el libro cuando ya se anuncia la película.

Sin embargo la juventud no es, por fortuna, todo lo que un retrato robot hace de ella, pero eso será tema de la siguiente entrada en la que espero, querido lector, que aún nos acompañes.

miércoles, 1 de octubre de 2014

LITERATURA JUVENIL Y PROMOCIÓN DE LECTURA I (Introducción)

Tomado de: lecturasparatodos.blogspot.com




Siempre he tenido una debilidad por la adolescencia, y aún creo que mi más grande éxito fue haber logrado que un montón de alumnos de décimo y once grado sonrieran al leerles la versión de Caperucita Roja que Roald Dahl presenta en Cuentos en versos para niños perversos.  De ese encuentro conservo la idea de que a los adolescentes no se les debe tener miedo al compartirles libros para niños o libros para grandes, ellos suelen responder muy bien ante el simple hecho de compartir.
Por supuesto no todo ha sido color de rosa, y en mis años como docente he tenido que descubrir que no hay libros infalibles. Así, mientras hubo grupos que disfrutaron enormemente la lectura deSeda de Baricco, hubo también grandes lectores, que querían matarme por hacerlos escuchar los tres viajes de Hervé Joncour. Con todo, creo que mi experiencia ha sido, mal que bien, bien que mal, positiva, y que uno u otro de mis escuchas han desarrollado, sino un amor obsesivo por la palabra escrita, sí un amor por algunos libros, y, en algunos casos, han decidido iniciar un camino lector. Así que eso me gusta creer al menos cuando inicio con un nuevo plan de lectura en voz alta para quienes, insisto en llamar, mis chicos. Más aún cuando me recuerdo que estoy robándole tiempo a la clase y que no enseño lenguaje o literatura sino metodología de la investigación.
Durante mi adolescencia el furor de las editoriales por lo que ahora se denomina literatura juvenil era más bien frío, así que nos debíamos conformar con aquello que conseguíamos. Así, los habitantes de mi generación, aquellos nacidos a finales de los 70’s y principios de los 80´s visitamos de manera indistinta autores como Julio Verne, Richard Bach, Lobsang Rampa, Isaac Asimov, Stephen King, J.R.R. Tolkien, Sir Arthur Conan Doyle y Emilio Salgari, entre tantos otros nombres. Como se puede ver, el escenario era en realidad de lo más variopinto. Ignoro, la verdad no me ponía a pensar en ello, si existía algo llamado literatura infantil y/o juvenil. La verdad, como tantos otros, me dediqué a leer aquello que me cayera en las manos, fuese porque me lo recomendaba un docente, un adulto o un compañero. Así que tiendo a creer que la literatura juvenil es un género más bien nuevo que comienza con una serie de libros protagonizados por un niño de gafas redondas y con una marca de rayo en su frente. El niño por supuesto era Harry Potter, quien a partir de su lanzamiento en 1997 H. P. ha hechizado la mente y las almas de millones de lectores.  
Recuérdese, no tengo el recuerdo de que existiese en mi época una literatura juvenil, al menos en Latinoamerica; a menos que se piense en la obra de Julio Cortázar o la ciencia ficción, que buscaba con desesperación ser tenida en cuenta como un género serio. Tampoco existía, que yo recuerde, eso que hoy se llama promoción de lectura. En el colegio se trataba de hacer resúmenes y presentar exámenes. Así que lectura era, mal que bien, sinónimo de tareas. Recuerdo incluso una vez que visité la Biblioteca Centenario – una de las bibliotecas clásicas dentro de Cali- en busca de libros de Stephen King y me buscaron la biografía del autor. Sin éxito. Sobra decir que durante años no volví a poner un pie en esa biblioteca.
Todo esto me lleva a preguntarme, ¿existe en realidad algo llamado literatura juvenil? Si es así, ¿cuáles son los límites de esa literatura?, ¿de dónde nace?, ¿Quiénes la consumen?, ¿de verdad existe una literatura que sea sólo para jóvenes? Si es así, ¿en qué consiste?, ¿hay alguien que la estudié en serio?
Estas  preguntas no carecen de importancia, puesto que día a día el término y los títulos son cada vez más empleados, en muchos casos para enaltecer, en otros casos para denigrar. De otro lado también nos obliga a preguntarnos acerca del rol del promotor de lectura con los jóvenes, más aún cuando muchos docentes, padres y rectores piensan que los lectores solo se forman en la niñez, y que el campo juvenil es un terreno árido en donde la esperanza de lograr cualquier fruto es incierto.
Así que, amigo lector, a lo largo de esta semana, exploraremos juntos qué es eso de la literatura juvenil y cuál es el papel del promotor de lectura con los jóvenes.     

lunes, 8 de septiembre de 2014

Premios para autores de LIJ Colombiana

Foto: elespectador.com
El colombiano Ivar da Coll ha recibido este 8 de septiembre el Premio Iberoaméricano SM de Literatura Infantil y Juvenil. Por este reconocimiento el creador de personajes como Chiguiro y Hammamelis  recibirá U$30000 y una estatuilla.
Para ver la nota completa haz clic aquí.

lunes, 14 de julio de 2014

¿Caída de la LIJ a nivel editorial?


España se halla alarmada ante la reciente caída de los índices de compras de libros de LIJ (Ver artículo: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/07/09/actualidad/1404920465_437140.html). Antes esto cabe preguntarnos si la situación de la LIJ en Colombia seguirá ese mismo sendero o tendrá variaciones. Por supuesto hay que tener en cuenta elementos como las diferencias económicas o del mismo desarrollo que ha tenido la LIJ en nuestro país, empero también hay que tener en claro que el auge de este tipo de literatura -sobretodo la juvenil- le debe aún mucho a sagas como Harry Potter o Crepúsculo, a nivel mundial, y en Colombia a escritores como Carolina Andujar y Mario Mendoza.
Aunque hay aspectos que sabemos que estamos dejando a un lado, nos gustaría saber que opinan ustedes, apreciados lectores, sobre este particular. 


miércoles, 9 de julio de 2014

VII Seminario de Literatura Infantil



El pasado 24 de mayo tuvimos en el Centro Cultural Comfandi  el VII Seminario de Literatura Infantil y Juvenil, dedicado en este caso a los “Contextos de violencia en la LIJ colombiana”. La investigación fue presentada por Alice Castaño y Silvia Valencia, quienes durante 55 minutos compartieron los resultados de meses de esfuerzo y dedicación a las formas en las que la violencia se hace presente en la LIJ colombiana. De otro lado, nuestra invitada especial, Beatriz Helena Robledo, una de las autoridades a nivel nacional e internacional de la LIJ, nos compartió sus reflexiones  acerca de “Los personajes – niños sobrevivientes de la violencia en la LIJ colombiana”.

Compartimos con orgullo además que este seminario ha sido el más concurrido en nuestra corta historia, lo que nos muestra el gran interés que la LIJ ha ido generando en docentes, bibliotecarios, investigadores y padres de familia; amén de las repercusiones que este interés tiene en los niños, principal factor de la existencia de este tipo de literatura. 

A continuación podrán encontrar algunas imágenes del evento:



De Izquierda a derecha: Alice Castaño, Silvia Valencia y Patricia Laverde


Asistencia del seminario 


 Silvia Valencia y Alice Castaño


 Asistentes al seminario


 Beatriz Helena Robledo



 Presentación del taller

 Desarrollo del taller







Una lectora